Armando y su mamá

Armando y su familia

El 1 de septiembre de 2017 nuestras vidas cambiaron por completo. Ese día diagnosticaron a nuestro Armando -de solo 16 años- con cáncer. Para mí y mi mamá era sumamente importante mantenernos unidos como familia en un momento tan difícil y triste como este. Somos de Barranquitas y Armando estaba hospitalizado en el Centro Médico de Río Piedras, y los viajes de ida y vuelta eran demasiado complicados.

Para nosotros estos tiempos fueron demasiado difíciles, pues no solos teníamos este peso encima si no que también temíamos por la llegada del huracán Irma. Les cuento que lo más que me preocupaba, era que mami y papi se estaban quedando en los predios del hospital dentro de su guagua por no dejarme sola. Un par de días después, mi papá se regresa a Barranquitas, y el papá de Armando llega al hospital e intercambiamos. Él se quedaba con Armando en las noches mientras que yo me quedaba dentro de la guagua con mi mamá.

Para nuestra desdicha, el hospital nos pidió desalojar el área ya que el huracán se aproximaba y no era seguro permanecer ahí. Nos mencionaron algunos hospedajes, pero estaban cerrados por motivo del huracán. Es ahí cuando nos sugieren a la Casa Ronald.

¡Aquí nos quedamos! Fueron las primeras palabras que le dije a mami al llegar. Estábamos tan felices de sentir este alivio que tanto necesitábamos en un tiempo tan estresante. Fue allí donde nos abrieron las puertas a mi mamá Iris, a mis otras dos hijas, Eleanis y Soleiris y por supuesto a mí. Nos amparamos en la casita que nos brindó techo en un momento tan estresante para toda la isla; y, más importante aún, nos dio acceso a permanecer cerca de Armando.

A pesar incluso del huracán María, nos sentimos como en casa y nunca nos falto nada. De los cuatro meses que estuvimos ahí, el Día de Acción de Gracias tiene un lugar especial en mi corazón, pues fue extremadamente diferente al que acostumbramos en Barranquitas. Sin importar las circunstancias pasamos un día maravilloso junto con todas las familias que se encontraban en la casa y todo el personal. Dimos parrandas y hasta mi papá bajó de Barranquitas para ayudar a mami a cocinarle a todos en la casa.

Recordaré ese tiempo como algo maravilloso e inolvidable y espero que todas las familias que pasen por la casita se queden con ese amor. Ahí no son una organización, ahí son una familia.